La fama de esta calle proviene de los años 50, sin embargo, en la actualidad, la Vía Veneto no posee ese aire bohemio de la época. No llegamos a subir la calle entera, pero descubrimos algunos de los rincones más famosos de la calle donde nació la “Dolce Vita”, como el Hard Rock Café, y sus prohibitivos precios, o la custodiadísima embajada americana. Hacia el final de la vía, se encuentran las tiendas más lujosas, y los hoteles más caros, terminando en las Murallas Aurelianas que protegían hace miles de años la ciudad.
Imágenes
(Imgen Web Alcolea Nevada, calles famosas del mundo)
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En los efervescentes años cincuenta, Via Veneto era el epicentro de la “Dolce Vita”. Estaba abarrotada de cafés en los que la gente, especialmente la guapa, pasaba el día entero con la esperanza de ser descubierta o fotografiada, así como de los templos de la alta costura de este “Hollywood del Tíber”.
Los cafés, como la mayor parte de las tiendas, están todavía allí. El único cambio es que el mundo del cine italiano y mundial ha dejado este lugar por otros –se siguen unos a otros como borregos-, y que las terrazas de los bares y restaurantes se han acristalado y les han instalado el aire acondicionado.
En su parte alta Via Veneto acaba bajo las Murallas Aurelianas, que rodean Roma desde hace diecisiete siglos. Cuando se construyeron, durante el último cuarto del siglo III d. C., el declive del Imperio Romano ya había empezado. Durante muchos siglos la principal barrera protectora de Roma había sido la periferia del Imperio: España, Siria, Inglaterra (donde la Muralla de Adriano todavía nos impresiona del mismo modo que la Gran Muralla China).
En el último cuarto del Siglo XIX los Príncipes Ludovisi aprovecharon el boom urbanístico para subastar su enorme propiedad; nacen así los palacetes de la alta burguesía que hoy vemos.
Los Ludovisi también trazan una nueva avenida, Via Veneto, con una curva amplia para que los carruajes procedentes de la Plaza de sus vecinos, los Barberini, pudieran circular fácilmente. De todo esto hoy le queda a la familia Ludovisi (descendiente del Papa Gregorio XV) el Casino dell´Aurora, que se encuentra tras los árboles que están sobre Via Aurora, y la propia Villa Ludovisi, oculta tras la Villa Margherita, que actualmente es la Embajada Americana.
En materia de compras Via Veneto es famosa por las joyas, pieles y ropa que pueden adquirirse en las suntuosas tiendas, que se alternan con muchos de los mejores hoteles y cafés de Roma. El Caffe de Paris conocido en todo el mundo sigue allí casi al final, a pesar de que ahora la clientela está compuesta de turistas más que de celebridades. Si sigue avanzando, encontrará el Hardrock Café de Roma casi a mitad de camino a mano izquierda, donde puede comprar una remera para su colección o comer algo no tan italiano. Si continúa subiendo esta calle ligeramente curva se topará con varias embajadas internacionales. Y si está cansado de tanto caminar, gire hacia la izquierda y busque la entrada del parque Villa Borghese donde puede relajarse rodeado de belleza.
La Embajada (1886, Gaetano Koch) no se puede visitar, pero podemos hacer cola para entrar en el consulado, en Via Veneto, 123a. La zona, que era un feudo de la familia Ludovisi, llegaba hasta las Murallas Aurelianas.
Los palacios, un castillo gótico con foso, el laberinto de esculturas y miles de árboles fueron destruídos tras la unificación de Italia, cuando los Príncipes se afanaron en venderlo a los nuevos “palaciegos”.
El viejo palacio, en su origen propiedad de la familia Orsini, fue transformado por Gaetano Koch en el pesado edificio que vemos hoy. A finales del siglo XIX la Reina Margarita fijó aquí su residencia tras el asesinato de su marido el Rey Umberto I (el palacio toma su nombre). Cuando la reina puso fin a su luto volvió a la vida mundana: los romanos acudían en tropel a sus grandiosas recepciones.
(Fuente: Web tiscalinet. it)
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